Por: Antoine del Sordo
Las cláusulas de paracaídas dorados, (conocidas en inglés como “golden parachutes”), son acuerdos indemnizatorios que se incluyen en los contratos de trabajo de los directivos de una empresa, en virtud de los cuales se acuerda que la sociedad empleadora en cuestión les proporcionará una compensación significativa en caso de que se susciten ciertos eventos previamente establecidos, tales como como despidos abruptos o cambios de control por fusiones, adquisiciones o transmisión de la mayoría del capital social de la empresa en la que laboran.
El objetivo principal de estas cláusulas es ofrecer seguridad financiera a los directivos, asegurando que no se vean desfavorecidos económicamente en caso de que se presenten los escenarios mencionados. Además, dependiendo del acuerdo entre el ejecutivo y la sociedad, estas cláusulas pueden igualmente prever cierta compensación en caso de que, derivado de un cambio de control, el ejecutivo en cuestión se vea orillado a renunciar tras varios años de servicio en la empresa, compensando con ello la consecuente renuncia de derechos adquiridos de un puesto de trabajo ya consolidado.
Este tipo de acuerdos indemnizatorios igualmente se utilizan para incentivar la atracción y retención de talento, al igual que como mecanismo para alinear los intereses de los ejecutivos con los de la empresa, promoviendo estabilidad en los puestos directivos y por ende en la sociedad.
Las cláusulas de paracaídas dorados también han sido utilizadas como mecanismos para desincentivar adquisiciones potenciales de una sociedad, debido a las compensaciones significativas a los ejecutivos que pueden aumentar el costo total de la adquisición, particularmente en el caso de una oferta pública de adquisición (“OPA”) hostil. Esto resulta especialmente relevante cuando la cláusula en cuestión no solo incluye dinero en efectivo en favor del directivo, sino acciones en la empresa (empleadora del ejecutivo) objetivo de la OPA hostil.
Por su parte, algunos críticos de estos acuerdos indemnizatorios señalan que este tipo de cláusulas pueden incentivar comportamientos poco ortodoxos por parte de los ejecutivos, sabiendo que están protegidos financieramente. Adicionalmente, en caso de que el acuerdo en cuestión no sea correctamente negociado por la empresa, puede haber escenarios en los que los funcionarios despedidos incluso por actos ilícitos sean acreedores a la indemnización acordada. Por ello, resulta fundamental que las cláusulas de paracaídas dorados, además de cumplir con la legislación laboral vigente, sean precisas y establezcan escenarios precisos que imposibiliten que el ejecutivo reciba su compensación, particularmente en aquellos casos en los que no actúe acorde a los intereses y principios éticos de la sociedad.
De igual forma, en caso de que la cláusula de paracaídas dorado incluya la posibilidad del directivo de adquirir acciones de la sociedad, es fundamental que se establezca de forma clara en el acuerdo entre la sociedad, los accionistas y el directivo, la forma en que se hará efectivo el derecho de este último, particularmente en caso de un cambio de control, pudiendo establecer, por ejemplo, que ninguna venta de las acciones del directivo será efectiva hasta en tanto no queden suscritas por éste las acciones que le correspondan en virtud del paracaídas dorado.
Teniendo en cuenta los aspectos mencionados es claro que las cláusulas de paracaídas dorados son una herramienta que puede resultar de utilidad tanto para proteger a los altos directivos de una empresa en caso de que se suscite un cambio de control o despidos abruptos, como para atraer y retener talento en los más altos niveles del escalafón. Sin embargo, es esencial que estos acuerdos se negocien y redacten con precisión para evitar abusos y garantizar que los directivos actúen conforme a los principios éticos y los intereses de la sociedad, a efecto de que contribuyan significativamente a la estabilidad y éxito a largo plazo de la empresa.